domingo, 28 de agosto de 2016

LUCIFER Y SATANÁS

LUCIFER Y SATANÁS


El padre Julio Meinvielle, de lejos principal doctinario del nacionalismo güelfo en la Argentina, quien conociera bastante a fondo la obra de René Guénon aunque nada la de Evola, al analizar el texto del primero El reino de la cantidad, solía resaltar las críticas de éste al mundo moderno al que calificara como satánico; pero aclaraba enseguida que si bien Guénon era contrario al satanismo era sin embargo un pensador luciférico. 
Para quienes no son duchos en las diferencias entre estas dos tipos de demonología recordemos lo que se viene diciendo desde San Agustín. Lo demoníaco tiene dos manifestaciones diferentes e incluso antitéticas. Lucifer es el ángel preferido de Dios que se rebela contra la soberanía de éste sobre el mundo creado, pero que no niega sin embargo el orden de este último. Lucifer por ejemplo acepta que los valores espirituales deben primar sobre los materiales pero no que Dios sea el principio y fuente rectora de todo lo que existe. Aquella filosofía que como el deísmo sostiene que Dios creó el mundo y que luego se desentendió de éste dejándolo al cuidado del hombre es lo que más se aproximaría pues al luciferismo. Sin embargo San Agustín decía que si se desconoce la actuación y soberanía de Dios en todas las cosas y especialmente en la historia, como sujeto activo que no solamente crea sino que también conserva su obra, la consecuencia de ello no es el triunfo de lo espiritual sobre lo material, sino a la inversa que lo que es materia se termina sublevando en contra del espíritu. Sin lo sobrenatural no se tendría lo natural, sino lo infranatural, es decir que la sublevación de Lucifer conllevaría en forma necesaria la última de todas que es la de Satanás.
El luciferismo pues sería el hombre que ocupa el lugar de Dios y el satanismo en cambio el descenso de lo humano en las esferas más bajas del ser en donde las zonas más sórdidas del yo ocupan el lugar primordial.
Pero Meinvielle efectúa una transposición ilícita, la de considerar solamente a la Iglesia como la expresión de Dios sobre la tierra y a todo apartamiento respecto de su postura como signo inequívoco de luciferismo. En la misma tónica que el padre argentino, Giuseppe Montini, futuro papa Paulo VI, contestará al texto de Evola, Imperialismo Pagano, con una categórico artículo titulado Respuesta a Satanás, aunque en verdad, de acuerdo a la óptica aquí mentada debería haber sido mejor respuesta a Lucifer. 
Sin embargo debe destacarse aquí lo siguiente. No se convierte necesariamente en luciférico aquel que se aparta del rumbo histórico impreso por la Iglesia. No fue luciférico Federico II el emperador gibelino, ni lo han sido Evola y Guénon en tanto que éstos no han negado la soberanía de Dios sobre el mundo, sino que simplemente han descreído de que la Iglesia güelfa hubiese sido la expresión y señal del mismo, es decir que hubiese expresado a la persona del Espíritu Santo. Tal concepto debe ser más vasto y no puede ser encerrado forzosa y burocráticametne en una institución determinada. El gibelinismo al respecto sostiene que dos son los pontífices: el papa y el emperador. Es decir que el Espíritu Santo. la tercera persona divina, no se expresa en uno solo sino arquetípicamente al menos en dos figuras. Dios no puede estar encerrado en las paredes de un templo, sino que está en todas partes.
¿A qué quedaría pues reducido el luciferismo? Significa pues concebir la divinidad y endiosamiento del hombre pero a partir del mismo hombre y no desde la figura superior de Dios. El hombre es en este caso hipóstasis de lo divino, pero lo es a través de un Dios superabundante que lo incluye en la segunda persona del Verbo. 
El Renacimiento que ha humanizado a lo divino es la expresión más clara del luciferismo. Frente al mismo el gibelinismo representa en cambio la divinización de lo humano en la figura arquetípica del emperador. 
Rudolf Otto supo ver esta diferencia acuñando dos conceptos antitéticos y fundamentales: panteismo y teopantismo. Panteismo significa que todo es Dios pero a partir del mundo en una vertical que parte de lo bajo para elevarse hacia lo alto. Es pues el mundo, a través de su figura más elevada que es el hombre, el que se diviniza en una acción parecida a una sublimación. Teopantismo es en cambio Dios mismo que sobreabunda y excede sus límites a través del hombre, lo que acontece en la encarnación del Verbo y posteriormente en la aparición de figuras providenciales y divinas como el emperador, el santo y el héroe, expresiones del Espíritu Santo encargadas de conducir lo humano hacia lo divino.

miércoles, 17 de agosto de 2016

RAMÍREZ: LA DEMOCRACIA : ARMA DE LA GUERRA OCULTA

LA  DEMOCRACIA : ARMA  DE  LA  GUERRA  OCULTA


     La democracia es tal vez la más notable subversión del mundo moderno. Su campo de acción no deja de crecer y cada vez más ha abarcado sectores más amplios de la modernidad. Incluso personas que por su ecuación personal, creencias, conocimientos y formación deberían rechazar en forma clara a la democracia, han sucumbido a esa sugestión y los vemos vacilando ante esta cuestión. Así los vemos hablando de "democracia buena" o "democracia mala"; de "democracia sana" o "democracia pervertida", olvidando que la democracia en lo esencial es la peor forma de gobierno de todos los tiempos, y su esencia consiste en considerar la cantidad por sobre la calidad, la igualdad por sobre las diferencias de jerarquía, al individuo por sobre la persona.
     En nuestro país, la Argentina, hasta sectores del nacionalismo se han rendido ante la sugestión democrática, y así los vemos esforzase por constituir partidos políticos y aceptar las leyes y reglamentaciones que se imponen para actuar en las elecciones. Esto significa lisa y llanamente una claudicación y una transacción con el enemigo en un vano intento por disputarle los votos de las masas. Éstas están dominadas totalmente por los medios de comunicación y su vida diaria sugestionada por innumerables distracciones de lo más perversas bajo su apariencia inocente. No se entiende entonces como se pretende conquistar a esa masa a través de una prédica democrática. La democracia tiene una profunda raíz demagógica y falaz, consiste en halagar al pueblo con promesas que jamás se cumplirán, prometiendo la felicidad, el bienestar y el consumismo.
     La democracia está gobernada por élites que conscientemente o inconscientemente obedecen a fuerzas caóticas y obscuras que combaten todo orden tradicional y con los medios materiales que controlan vuelcan en el mundo toda una serie de sugestiones para el dominio de los pueblos.No se trata entonces de tratar de convencer al hombre común, tarea ímproba e inútil, sino por el contrario, de crear una élite tradicional que dispute el poder a las oligarquías mundiales en base a la calidad superior de su contenido trascendente.
     Con la subversión no se transa, el conceder algo implica ya una derrota y aceptar la sugestión democrática en caer en la ingenuidad de creer que con instituciones inferiores se puede construir algo superior. La democracia es el reino de la cantidad, lo promiscuo  y la indiferenciación, ¿ cómo entonces puede surgir de ella la calidad, lo superior y lo trascendente ?
     La democracia de forma de gobierno ya de por sí cuestionable, se ha transformado en un dogma casi "religioso", y quien lo cuestione será condenado, excluído y marginado por oponerse al pensamiento único y a lo "politicamente correcto".
     Está también quien dice: "acepto a la democracia en sus formas pero en realidad la utilizo para fines superiores". Esto es un autoengaño y es también oportunismo. Es algo así como ingerir veneno creyendo que así nos curamos, es no saber que el camino al infierno está empedrado con buenas intenciones. Un ejemplo no viene mal. Hace pocos años la Hermandad Musulmana ganó las elecciones en Egipto y llegó al gobierno aceptando la democracia. La respuesta de las fuerzas que dominan el mundo no se hizo esperar: el gobierno fué derrocado y las fuerzas tradicionales sufrieron un duro golpe del que será dificultoso recuperarse.
     Ya se ha jugado bastante en nuestros tiempos buscando atajos y caminos aparentemente fáciles. El único camino será duro, pero en el buen comienzo estará hecha la mitad del trayecto; cuando el árbol nace torcido será difícil enderezarlo cuando ha crecido.
Frente a los cantos de sirena de la democracia será necesaria una actitud totalmente opuesta. Frente a ella solo vale la jerarquía, el discernimiento y la discriminación frente a lo promiscuo y al igualitarismo.
     Hay que restaurar una aristocracia, palabra esta que significa gobierno de los mejores, frente a la deformación que han hecho de ella liberales, marxistas y progresistas, confundiéndola con oligarquía.
     Pero la democracia no viene sola sino mal acompañada. A sus sugestiones se unen otras tales como la de hacer creer que el problema más importante de la época es el económico y que el mundo es gobernado por grupos financieros y usureros imbatibles que hacen lo que quieren inventando guerras, conspiraciones, golpes y dando órdenes a los gobiernos manejando variables geopolíticas. Sin dejar de lado la influencia de estos sectores, que de ningún modo deben ser subestimados, cabe preguntarse si no hay algo más atrás de ellos, que no  son simplemente "agentes" sino que son "actuados". El problema está entonces más allá y entramos en plena dimensión metafísica de la lucha entre las fuerzas del orden y las del caos, por lo cual los hombres de la Tradición deben intuir y presentir lo que esta oculto entre bambalinas.

San Carlos de Bariloche, 15 de agosto del 2016.

JULIÁN  RAMÍREZ  

RAMÍREZ: OLIMPÍADAS : SE ACELERA LA CAÍDA DE LA MODERNIDAD

OLIMPÍADAS : SE  ACELERA  LA  CAÍDA  DE  LA  MODERNIDAD


     En estos días los medios de comunicación nos bombardean con informaciones acerca de los juegos olímpicos. Y esto no es una casualidad, los medios de comunicación se han transformado en un gigantesto aparato de imbecilización de las masas, manejados por centrales al servicio del llamado "establishment" mundial palabra que oculta su verdadera denominación: oligarquía financiera y usurera que está logrando establece un gobierno a escala universal.
     Estamos en presencia de un gigantesco lavado de cerebros para que las mentes estén ocupadas en banales espectáculos, que en estos días son los juegos olímpicos, y cuando ellos hayan pasado serán otros acontecimientos deportivos, recitales musicales, como se llama hoy día a la cacofonía moderna, telenovelas.Ennuestropaís negocian las transmisiones por TV del fútbol profesional, disputa entre el mismo gobierno nacional, los clubes y empresas nacionales y extranjeras. El objetivo está claro: destruir la capacidad de crítica y de análisis y tener ocupada la atención sometiendo a los individuos a un torbellino de imágenes provenientes del mundo exterior, tratando que se olviden de problemas mucho más acuciantes.
     Con los modernos juegos olímpicos, se ha logrado una gran inversión de polaridad. En su origen en Grecia, en el siglo VIII A.C., esos juegos tenían un sentido religioso, eran celebrados en honor de los dioses. En esa sociedad tradicional toda actividad, en última instancia, estaba orientada hacia lo alto y lo trascendente, y desde lo alto informaba la vida diaria. Esos juegos eran organizados por el Estado y por los colegios sacerdotales, y tenían una profunda influencia tal como suspender las guerras entre las diversas polis helenas. Lo mismo ocurría en la Roma tradicional, no así en la Roma de la decadencia imperial en la cual el circo se transformó en algo semejante a los espectáculos modernos. La inversión de polaridad a que nos referíamos más arriba ha conducido a estos modernos juegos olímpicos. En ellos está ausente toda preocupación trascendente y religiosa. Se han transformado en un culto materialista a lo físico, a la fuerza, a la velocidad y a la habilidad para ciertas habilidades. Asimismo cumplen una función demagógica al excitar en los pueblos falsos nacionalismos, promoviendo a los vencedores como pseudo-héroes y ejemplos a imitar, cuando en realidad son personas que lo único que han hecho en su vida es cultivar su físico y estar alejados de toda actividad superior y calificada intelectualmente.
     A ello hay que agregar que tales deportistas en muchas de las actividades que desarrollan son profesionales, es decir que se les paga para que dediquen su vida a esas tareas, con lo cual aumenta su embrutecimiento. Los ejemplos de jugadores de fútbol, de tennis, de basketball son notables, percibiendo algunos cantidades incleíbles de dinero que de manera alguna cobran personas de mucha más valía intelectual y moral.
     Todo esto merece el aplauso de las multitudes y con  muy pocas críticas. También  es aprovechada la situación por empresarios que realizan pingües ganancias y por gobiernos para llevar aguas para su molino.
     Lo que en las sociedades tradicionales eran acciones desacondicionadas de las cuales no se esperaba beneficio y ventaja material alguna, se ha transformado en un trabajo digno de modernos esclavos que para lo único que sirven es para patear una pelota o correr más rápido.
     Todo se conjuga para acelerar la idiotización de las multitudes: gobiernos, empresarios, deportistas y medios de comunicación. Pero hagamos la salvedad de que hay ciertas actividades deportivas, como por ejemplo el montañismo y el paracaidismo, en las cuales se asume un riesgo mediante una acción desacondicionada sin esperar ningún beneficio material o recompensa alguna. Estamos pués en presencia de una acción pura frente a la cual un deportista puede lograr un mayor nivel espiritual.
     Pero a no alarmarse. Esta última etapa del Kaliyuga será pródiga en procesos de embrutecimiento. Ahora viene el "pokemon go".


San  Carlos de Bariloche, 8 de agosto del 2016.  
JULIÁN  RAMÍREZ

RAMÍREZ: ACCIONES DE GUERRA: EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

ACCIONES  DE  GUERRA: EL  FIN  JUSTIFICA  LOS  MEDIOS


     Que el fin justifica los medios es una frase común que se atribuye a Nicolás Maquiavelo, pero que realidad su autor fué Napoleón Bonaparte en una nota que agregó a su ejemplar de "El Príncipe". Este dicho ha sido muy usado para justificar cualquier cosa para conseguir un fin determinado, mientras que  la moralina burguesa y religiosa ha criticado esta actitud. En realidad si vemos la cuestión desde el punto de vista tradicional, que es el nuestro, la verdad está lejos de ambas posiciones, que son totalmente abstractas.
     Lo primero a considerar es ver de qué fin se trata y no considerar los fines en general, no es lo mismo un fin que otro.
     En la actual guerra de civilizaciones vemos a diario como se producen acciones bélicas y mientras la moralina de los defensores del mundo moderno acallan los medios que usan las potencias de la modernidad para combatir al fundamentalismo islámico, se rasgan las vestiduras ante lo que llaman atentados cometidos por los guerreros mártires islamistas, y que en realidad no son atentados sino acciones de guerra. Es importante notar como en las palabras usadas ya va implícita una interpretación desfavorable.
     Los salvajes bombardeos sobre poblaciones civiles, incluso hospitales, perpetrados por yanquis, rusos, franceses, ingleses y otros son vistos favorablemente y "buenos" por los decrépitos defensores del orden mundial materialista, economicista y financiero, mientras las acciones de guerra de los "shahad" - mártires - son calificadas con los peores adjetivos de la moralidad burguesa, religiosa, y del código penal. Para ellos está claro que desde el punto de vista del mundo moderno los medios que usan justifican el fin.
     Lo primero que entonces debemos averiguar es cuál es el fin que se persigue para luego determinar si los medios usados están justificados. Y a lo que queremos apuntar antes que nada es que no es mismo usar la violencia en favor de la defensa de la Tradición que usarla en defensa del mundo moderno. A la primera la defendemos y la justificamos, a la segunda la condenamos. No se pueden poner en el mismo plano de igualdad una y otra. La Tradición, aunque sea en forma limitada, está hoy presente en el fundamentalismo islámico, en otras ocasiones ya hemos detallado dónde se manifiestan en forma visible los aspectos tradicionales de su lucha.
     LaTradición y sus categorías, metafísicamente son superiores al devenir del mundo moderno carente de todo sustento en lo alto. Mundo de lo bajo, de lo carente de toda substancialidad, de toda visión superior del mundo y de la vida, mundo de la obscuridad en estos últimos tiempos del Kaliyuga. Y digámoslo con claridad aunque más de uno se sienta asustado: todo medio debe ser usado para dar por terminada a la modernidad, con la única prevención que tales medios deben conducir al restablecimiento de los principios tradicionales. Estamos convencidos que los medios usados en la actual guerra santa son eficaces para tales fines.
     Otro aspecto de la moralina actual es condenar todo tipo de violencia venga de donde venga, implorando y llorando genuflexos, invocando la paz, el amor y los derechos humanos. Esta en el fondo es una actitud femínea e hipócrita que mientras llora tolera al mundo moderno. En esto es especialista la actual Iglesia Católica, que mientras se lamenta, como lo hace Francisco, nada dice sobre los criminales bombardeos de los verdaderos agresores.
     Tampoco se trata de justificar las acciones de guerra del fundamentalismo como si se tratara de represalias. Aunque no hubiera necesidad de represalias, que en realidad las hay, las acciones de guerra deben ser llevadas a cabo porque valen en  sí mismas como arma necesaria para la lucha contra la modernidad. En estos momentos que vive la humanidad más vale luchar que rezar.
     Otra sugestión que tiende a debilitar la lucha es la que considera que mueren muchos inocentes que nada tendrían  que ver con la guerra. Se dice que una cosa son los gobiernos y otra cosa los pueblos. Unos son malos y los otros son buenos. En la democracia los gobiernos son elegidos por los pueblos y sostenidos por ellos, de modo que algo tienen que ver. Decir que los pueblos son siempre buenos es propio de un populismo demagógico y democratista: se halaga a las masas para conducirlas hacia abajo.
     Creemos conforme a doctrinas tradicionales (1) que hay un lazo invisible y sutil en cada uno de los conglomerados humanos tales como naciones, nacionalidades, colectividades, religiones, etnias. Estas nociones han sido olvidadas por el mundo moderno con su prédica individualista y materialista, pero no por olvidadas dejan  de estar presentes. Desde este punto de vista no hay inocentes, hay invisibles e inconscientes vínculos de solidaridad entre los miembros de un ente social, y en este caso las acciones llevadas a cabo por algunos gobiernos de la modernidad provocan reacciones que pueden recaer sobre el conjunto de la población de esos países.
     Estas consideraciones van allá de todo planteo moralista y religioso y deben tenerse en cuenta en el análisis de  las acciones de guerra.
(1) Ver: " La Magia como Ciencia del Espíritu". Tomo VI, pág. 94, edición 2000, Ed. Heracles, Bs.As.


San Carlos de Bariloche, 1º de agosto del 2016.   

JULIÁN  RAMÍREZ   

RAMÍREZ: INFLUENCIA DE LAS PALABRAS EN EL HOMBRE MODERNO

INFLUENCIA  DE  LAS  PALABRAS  EN  EL  HOMBRE  MODERNO


     Vivimos en el mundo de las palabras. Desbordan por todas partes, estamos muy lejos de aquellos romanos y espartanos tradicionales de pocas palabras y de austeridad verbal. A medida que se ha ido desarrollando la modernidad las palabras han ocupado cada vez más espacio, y la era burguesa se ha caracterizado por ello. La Grecia de los oradores nos indica ya uno de los síntomas de la decadencia, pero con el triunfo del tercer estado con la Revolución Francesa la retórica no cesó de avanzar y sirvió para el desarrollo de todas las ideologías subversivas. La usaron y las usan los demagogos para adular y sublevar a las masas ya desconectados de toda influencia superior; sirven a los intelectualoides para difundir cualquier novedad aberrante; a los periodistas para charlar todo el día sobre las cuestiones más banales y superficiales; a los docentes para mal educar y a los abogados para defender las peores causas. Todos conocemos algunos conferencistas que después de largas peroratas nos preguntamos ¿qué dijo?
     El uso excesivo de la palabra es propio de la naturaleza femenina que constantemente busca dar explicaciones, disimular intenciones y actuar con sutileza, pero en la sociedad actual, ya muy femenizada, es propio también de los últimos hombres crepusculares. Los medios de comunicación han llevado la palabra escrita hasta límites inimaginables y constantemente derraman cataratas de palabras cada vez más vacías. Todo ello unido al bombardeo de imágines y a la cacofonía que los modernos llaman música, han llevado a despojar al hombre de todo lo que significa pensamiento, reflexión, introspección, mirada interior, silencio y soledad. Las sugestiones del mundo exterior sofocan las voces del interior. Todo es apuro y frenesí. Los modernos se quejan de que no les alcanza el tiempo y corren atrás del consumismo y de ilusorios escapismos y evasionismos para tratar de enfrentar la realidad que los llena de angustias.
     Qué lejos estamos de aquello que dijo Gracián: "Lo bueno, si breve, dos veces bueno." Así vemos como textos breves, para bien o para mal, han tenido gran influencia en diversas civilizaciones, tales como: el Tao-te-king,  el Baghavad Gîta, los Evangelios, el Corán, el Contrato Social, el Manifiesto Comunista y otros. No se necesitan muchas palabras para expresar ideas claras, sean verdaderas o falsas. Del gran maestro de la Tradición,  Julius Evola, podemos citar textos breves que sin duda alguna marcarán alguna tendencia en el pensamiento universal, tales como: Los Hombres y las Ruinas, Orientaciones, Imperialismo Pagano y sus monografías en "La Magia como Ciencia del Espíritu". Santo Tomás de Aquino también dijo: "Temo al hombre de un solo libro", y la misma Iglesia Católica ha producido una encíclica del Papa Pío IX cuyo breve apéndice, el Syllabus, resume un excelente catálogo de los errores de la modernidad,  totalmente olvidado por la Iglesia moderna y conciliadora con  la subversión actual.
     La actitud del hombre Tradicional debe ser la totalmente opuesta a la del mundo del palabrerío. Lo opuesto a la cháchara insubstancial debe ser la acción heroica. Frente a ella se aventa toda falsa retórica y cesa todo engaño. Daremos dos ejemplos de la superioridad de la acción aunque no se ajusten precisamente a héroes.  Se cuenta, y si no es verdad está bien puesto, que los obispos cristianos ortodoxos discutían en Constantinopla, en 1453, acerca del sexo de los ángeles mientras la ciudad caía en manos de los turcos. En 1917 los ministros del gobierno provisional ruso de Kerenski discutían sobre las medidas a tomar, cuando se abrió la puerta entró la Guardia Roja y los detuvo.
     De ninggún modo propugnamos una acción irreflexible e irresponsable, sino una acción medida dentro de las propias limitaciones, y de la cual no esperamos ningún beneficio material y como dice el Baghavad Gîta: si vences ganarás la tierra, si pierdes ganarás el cielo, de todas maneras triunfarás.
     Un ejemplo actual de acción triunfante sobre las palabras inútiles nos la da el fundamentalismo islámico. En un mundo dominado por los discursos, el parlamentarismo, las asambleas, la búsqueda del consenso, la demagogia, la hipocresía,  los debates, las discusiones, la mentira, el engaño, las convenciones y los congresos, emerge una acción tradicional, clara y positiva que hace tambalear todo eso, así como Alejandro Magno resolvió la cuestión del nudo gordiano cortándolo con la espada. El filósofo Michelstaertedt dijo: "Hay dos clases de hombres: los convencidos y los retóricos". Nosotros hemos elegido, nos asignamos a los primeros.

San Carlos de Bariloche, 
25 de julio del 2016. 

JULIÁN  RAMÍREZ      

RAMÍREZ: SIGNOS DE NACIONALIDAD

     SIGNOS  DE  NACIONALIDAD


La realidad sensible nos brinda a diario signos de los tiempos que vivimos. Así en esta época de decadencia, desintegración y disolución de toda presencia de valores tradicionales, de triunfo de la democracia, de los pseudo valores humanos, de mediocridad, de igualitarismo, de pensamiento único y de lo politícamente correcto, hemos presenciado un leve sismo, un ligero temblor de otros signos de significado diferente a los primeros.
     Ocurre que en nuestro país, la Argentina, se celebró el 200º aniversario de la independencia del 9 de Julio de 1816. Las autoridades de turno prepararon una serie de actos, desfiles y celebraciones del caso, en la forma burocrática acostumbrada. Nuestra posición con respecto a lo que de destructiva del Imperio Hispánico tuvo nuestra supuesta independencia, y que fue un proceso subversivo en contra de los valores tradicionales, ya es conocida por los oyentes de esta radio, y así lo hemos expuesto en nuestra nota de la audición del pasado 5/7. Pero en las celebraciones del 9 y 10 de Julio hemos observado ciertos aspectos que se aparten de los signos negativos que a diario nos abruman.
     En primer lugar hemos visto la manifiesta presencia de las fuerzas armadas en los desfiles, cosa que no ocurría con esa magnitud desde hace muchos años, durante los cuales los gobiernos de la progresía y de la democracia las despreciaron,  y las desvalorizaron, con la intención de destruirlas, con una política de desprestigio a través de los medios, de la partidocracia y del recorte substancial de los medios materiales, lo que pone al país en una incapacidad total para atender a lo más elemental de la defensa nacional.
     En segundo lugar, los desfiles  masivos de veteranos ex-combatientes de la guerra de Malvinas; acontecimientos de tal magnitud nunca vistos desde el restablecimiento de la perversidad democrática en 1983. Los ex-combatientes fueron reiteradamente tratados como que no existían, denigrados por la subversión neo-marxista y progresista, o tratados como pobres chicos víctimas de los militares.
En tercer lugar el desfile masivo e inacabable de jinetes gauchos, rememorando una tradición telúrica y patriótica de las antiguas montoneras, tan despreciadas y exterminadas por el régimen liberal triunfante luego de la batalla de Caseros de 1853.
     Lo notable del caso es que estos tres hechos fueron aclamados y victoreados en forma entusiasta por las multitudes asistentes a los desfiles, tanto en Tucumán como en Buenos Aires, lo que habrá sido una sorpresa tanto para las autoridades de turno, que a los siete meses de asumir están llegando a un nivel notable de desprestigio, como a progresistas, neo-marxistas y democráticos, tal como si avisoraran algún fantasma.
     Ahora cabe preguntarnos qué significan estos hechos vistos desde el punto de vista tradicional.
     El maestro Julius Evola ha enseñado la distinción que hay entre nacionalidad y nacionalismo. La nacionalidad es legítima y sana. Es la forma que tiene un pueblo para elevarse desde la abstracta humanidad, la indiferenciación, lo colectivo y lo promiscuo hacia un nivel superior que facilita la comprensión de principios tradicionales. El nacionalismo es la parte enferma, egoista y sectaria, producto de la modernidad y destructor de imperios tradicionales.
     La nacionalidad es cultura, entendiendo por cultura la adhesión a principios superiores, y es un nivel intermedio entre el universalismo, que es lo superior, y el colectivismo, que es lo inferior. El mundo moderno conduce hacia el colectivismo, hacia la manada y lo indiferenciado, nivela y destruye lo superior en beneficio de lo bajo. Los pueblos legítimamente tienen que defender su nacionalidad, su religión, su idioma, su arte,  su música, sus usos y costumbres para evitar caer en el amontonamiento colectivista y en la oscuridad en donde todos los gatos son negros.
     Somos contrarios a la mezcla de razas, de religiones, de culturas y de arte. Tenemos que saber guardar distancia y no caer en la promiscuidad, pero ello no quita coincidir en lo superior con otros pueblos; de ahí nuestro apoyo al fundamentalismo islámico, en el cual no defendemos lo musulmán sino lo que tiene de tradicional. Con respecto a los movimientos identitarios y nacionalistas europeos los  comprendemos, pero también vemos sus limitaciones en el hecho que no se avisora en ellos nada que conduzca ulteriormente a los tradicional, y se mueven totalmente en la modernidad sin alcanzar un nivel superior. La nacionalidad debe facilitar el acceso a la Tradición, de lo contrario fracasará.
     Las manifestaciones relatadas en el caso argentino tienen la posibilidad de facilitar un camino ulterior a algo superior, que sean algo más que un lejano eco y se transformen en un rumor de restauración.  San Carlos de Bariloche, 11 de Julio del 2016.

JULIÁN  RAMÍREZ 

RAMÍREZ: INTEGRACIÓN Y DESINTEGRACIÓN DEL MUNDO MODERNO

INTEGRACIÓN  Y  DESINTEGRACIÓN  DEL  MUNDO  MODERNO


     En  relación con los últimos acontecimientos producidos en torno al "Brexit" - salida de Gran Bretaña de la Unión Europea - se observan en el mundo moderno dos procesos, uno de integración y otro de desintegración.
     El primero de ellos, el de integración, venía marchando en forma arrolladora en pos de un gobierno mundial presidido por un orden material, economicista, financiero, y digámoslo en forma clara: usurero. Esta tendencia pasaba por sobre todo: soberanía de los estados, instituciones, formas de gobierno, cultura, religiones y nacionalismos, sobordinando todo al omnipotente poder del dinero y erigiendo como gobernantes a los parias sin clase social ni ideologías.
     Con el "Brexit" aparece por el contrario un proceso de desintegración. Esa formidable construcción que es la Unión Europea, que fue avanzando durante décadas en base a un proyecto económico ha rercibido un duro golpe. El gigante, como el simbolismo bíblico, tiene los pies de barro; una piedra ha rodado y a dañado sus fundamentos materiales. Carente de todo soporte espiritual amenaza con derrumbarse, puesto que el ejemplo del "Brexit" puede transmitirse a otras naciones europeas. Gran Bretaña aporta el 15% del PBI de la Unión Europea y, si otros países optan por la salida, la desaparición de esa construcción está a la vista.
     Analicemos ahora qué pasa con la otra tendencia, la desintegradora, que se da mezclada con  la integradora, puesto que esta última seguirá existiendo y dará batalla sin duda alguna.
     El inició de la desintegración ya se venía anunciando en los movimientos identitarios, nacionalistas y anti-inmigratorios que se están desarrollando en Europa. Son movimientos de neto corte moderno, no hay en ellos nada de tradicional, no hay ninguna preocupación por lo trascendente, metafísico o religioso, no superan el plano naturalista, pero en su protesta hay elementos que no se sujetan totalmente a la economía tal colmo lo plantea la tendencia integradora. Y entramos aquí a la cuestión de las nacionalidades,  que no debe ser confundida con los nacionalismos, siendo estos últimos la parte degenerada y distorsionadora de todo principio tradicional. Las nacionalidades son legítimas, si bien forman parte de lo natural son una protección contra la abstracción del concepto de humanidad, de igualdad y de fraternidad, principios todos ellos derivados de la nefasta Revolución Francesa. Así nos lo dice el gran maestro Julius Evola en su obra "Los Hombres y las Ruinas" de la cual transcribimos este párrafo: "...afirmar el derecho de la nación para hacer valer un principio elemental y natural de diferencia en lo referente a un determinado grupo humano en contra de todas las formas de disgregación individualista, de mezcla internacionalista, de proletarización y, sobre todo, frente al mundo de las masas y de la pura economía, representa algo positivo y legítimo." (pág. 53 ob. cit. Ediciones Heracles ). Esto es lo que hay en el fondo de la tendencia a la disgregación. Lo mismo se observa en el surgimiento de la candidatura de Trump en los EE.UU. y se lo puede rastrear en el "Brexit".
     Pero aquí cabe hacer una fundamental advertencia. Todas estas tendencias disgregadoras carecen de toda perspectiva tradicional, trascendente, espiritual y religiosa; se mueven totalmente en el plano del mundo moderno, y por lo tanto son enemigas de quiénes sostenemos los principios tradicionales. Sin embargo consideramos que son  positivas porque dividen, caotizan y anarquizan a la modernidad y la debilitan, y por lo tanto facilitan el desarrollo de una alternativa Superior.
     No olvidemos que todos ellos se reúnen para combatir al fundamentalismo islámico, la única tendencia visible y manifiesta en el mundo de hoy de la unidad entre lo tradicional y los derechos de las nacionalidades.

San Carlos de Bariloche, 27 de junio del 2016.

JULIÁN  RAMÍREZ